¿Osan llamarme realista?

Posted by on nov 10, 2014 in barcelona-robot, Blog, Narrativa, SciFi | No Comments
¿Osan llamarme realista?
Dedicado a mis compañeros World Writers.

Los aficionados a la literatura fantástica nos quejamos a menudo del desprecio de algunos lectores de las llamadas –por ellos mismos– «obras serias». Aclaro que entiendo el género fantástico en el sentido que le da Ricard Ruiz Garzón: toda narrativa de ficción en que aparecen seres, lugares, objetos o fenómenos inexistentes. Esta definición es tan amplia que corremos a excluir las narraciones mitológicas –porque las culturas que las han inventado las tienen por reales–… para dejar el género en un par de siglos de existencia.
Y tantas novelas se han escrito en esos doscientos años, que cuesta creer que la literatura fantástica sea aún prejuzgada como un género menor, como si no hubiera suficientes autores «con mayúsculas» ni un porcentaje de obras de calidad equivalente al global de los libros publicados.

Tampoco deja de sorprender la separación radical entre fantasía y realismo que hacen muchos lectores, críticos y teóricos. ¿Acaso las novelas realistas se leen de distinta forma que las fantásticas? ¿No transcurren en un mundo y con unos personajes imaginados? ¿No son historias inventadas? Ningún autor vivo experimentó personalmente la Guerra Civil española, y eso no impide que cada año se publique un montón de novelas «realistas» sobre esa época… Quizá esos autores dispongan de una máquina del tiempo para documentarse; y de telepatía para entrar en la mente de los demás y leer los sentimientos… Pero eso sería género fantástico: ¡pecado! ¡blasfemia! ¡caca!

Creo que los prejuicios en contra de la fantasía se basan en manipulaciones que los teóricos y críticos «de bien» hacen, probablemente, sin mala intención, pero que son dignas de aquellas ideas de Goebbels sobre la propaganda que los políticos más obtusos de hoy se acusan unos a otros de haber leído. Las resumo en tres sencillos pasos:

  1. Sacamos de la literatura fantástica todos aquellos ejemplos de calidad indiscutible (Borges, Carroll, Calvino, Cortázar, García Márquez, Calders, Orwell …) y, si es necesario, nos inventamos una etiqueta nueva («lo fantástico», «realismo mágico»… ).
  2. Juzgamos el género por sus peores obras (dragonadas, Space Opera de saldo, zombis fotocopiados…).
  3. Juzgamos al público del género por la franja más ignorante del fandom, que se traga lo que sea mientras encuentre los lugares comunes que espera (vampiros adolescentes, héroes de encefalograma plano…).

Como todos los prejuicios, éstos también tienen efectos secundarios. Los más destacables son que la gente seria, desde los lectores a los críticos pasando por las universidades, evitan hablar en público del género, aunque cada vez haya más excepciones. Ello provoca que la literatura fantástica pase desapercibida en los medios de mayor difusión, pero también que alimente circuitos paralelos cada vez más vitales y rigurosos. Y aquí cabe mencionar la actividad frenética que desarrollan librerías como la inmensa Gigamesh de Barcelona, editoriales como el sello Fantascy del gigante Penguin-Random House o tantos blogs bien escritos que es imposible mencionarlos aquí sin olvidarse de alguno.
Así, aunque la cultura oficial la ignore la literatura fantástica se ha convertido, como dijo Alejo Cuervo, en «el realismo del siglo XXI», una manera de entender (a través de la imaginación) las transformaciones aceleradas de la sociedad y la tecnología que, de otra manera, no llegarían a tomar forma en nuestro imaginario.

Termino con un vídeo (en inglés) y un texto sobre los prejuicios acerca de los lectores de literatura fantástica con que empezaba: la respuesta que el actor Wil Wheaton (Star Trek) da a una niña que le pregunta si de pequeño le llamaban «nerd»

y un fragmento de la conferencia de 2004 «Género: una palabra que sólo satisface los perezosos» de la escritora Ursula K. LeGuin («Un mago de Terramar», «La mano izquierda de la oscuridad»), traducida en la revista Gigamesh 44 por Carlos Gardini, que da nombre a esta entrada en el blog y que hay que leer hasta el final:

«»¿Osan llamarme realista? (…) Las novelas realistas son para personas perezosas e incultas cuya imaginación atrofiada sólo les permite apreciar las temáticas más limitadas y convencionales. El realismo es un genero trillado, propio de escritorzuelos sin imaginación cuyo único recurso es la mímesis. Si sintieran el mínimo respeto por sí mismos, se limitarían a escribir memorias, pero les da pereza tener que verificar los datos. Yo nunca leo ficción realista, pero mis hijos siguen trayendo a casa esas estúpidas novelas realistas y siempre están hablando de ellas, confirmándome que es un género corto de miras, totalmente centrado en una especie, increíblemente ceñido a una cultura, plagado de clichés gastados y situaciones adocenadas: la búsqueda del padre, el ataque contra la madre, la lujuria obsesiva, los sentimientos de culpa burgueses, etcétera, etcétera. Ideal para guionistas de películas de consumo masivo. Con sus medios anticuados y su temática limitada, el realismo es incapaz de plasmar toda la complejidad de la experiencia contemporánea.»
¿Alguien sería capaz de creerse semejante chorrada? Hay algo de verdad en ella, pero sigue siendo una chorrada. Cualquier juicio literario que dictamine algo sobre un género es una chorrada. Cualquier juicio que dictamine que una categoría literaria es inherentemente superior o inferior es una chorrada.
No se puede juzgar un libro por su cubierta ni por su etiqueta. Sólo se puede juzgar un libro leyéndolo.
Hay muchos libros malos. No existen los géneros malos.»

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